¡Saludos festivos!
Normalmente escribimos sobre algoritmos, pérdidas técnicas y eficiencia. Pero hoy, en vísperas de Navidad, queremos mejorar tu estado de ánimo y contarte sobre una solución seria de una manera un poco menos seria.
Viajando por Colombia, yo, como ingeniero y cofundador de la plataforma Amivisor, no pude evitar notar un detalle fascinante. Usualmente, las cajas de los medidores eléctricos son aburridas, grises y a veces oxidadas; objetos que uno quisiera esconder. Pero aquí, en las pequeñas ciudades colombianas, la toma de lecturas se convierte en una verdadera visita a una galería de arte.

Nosotros en Amivisor nos dedicamos a la implementación de medidores inteligentes y, en esencia, contribuimos a que la profesión de lector de medidores (o lecturista) pase a la historia. Y junto con ella, debería desaparecer nuestra App «Lecturas», creada para ayudar a los operarios en campo. Pareciera que el progreso es imparable.
Pero aquí, en Colombia, vi una realidad alternativa donde nuestra App no solo es necesaria, sino que puede brillar con nuevos colores. Si implementáramos esta experiencia colombiana en todo el mundo, la profesión de lector dejaría de ser rutinaria para convertirse en una de las más deseadas, brindando un auténtico placer estético.
Imaginemos por un momento cómo la estricta funcionalidad de nuestra App «Lecturas» podría encajar perfectamente en este caos artístico.
El síndrome de Stendhal y la protección contra errores
Empecemos el pueblo de Curití. Aquí las cajas no son simples puertas metálicas, son portales al mundo de la pintura.

Imagina a un lector que llega a una casa y no ve números, sino un colibrí vibrante o un paisaje andino. Se queda sin aliento por la belleza, le tiembla la mano de la emoción… y en lugar de 150 escribe 1500 en la planilla. Es justo aquí donde nuestra aplicación entra al rescate.
Cómo funciona en la App: El sistema conoce el consumo promedio del usuario. Si el lector, distraído por la belleza, se equivoca en una coma o agrega un cero de más, la App lanza una alerta inmediata: «¡Oye! Esto es demasiado. O te equivocaste, o este colibrí consume energía como una fábrica de cemento». Esto salva a la empresa de largos reclamos y al usuario de un infarto al ver la factura.

Galería en la nube (Foto-evidencia)
Nuestra App tiene una función para tomar fotos de la lectura para facturación. ¿Aburrido? Claro.
Pero ahora imagínalo en el contexto colombiano. ¡El lector no solo «registra el medidor», sino que está curando una colección corporativa de obras maestras!

Cómo funciona: El empleado toma una foto de la nueva caja pintada y la envía a la oficina. Ahora, el equipo de facturación no solo calcula números, sino que disfruta del gran arte. Las fotos se guardan para siempre en la ficha del cliente. Dentro de 50 años, los descendientes agradecerán este archivo digital de la época del arte popular colombiano.

Cazando autógrafos (Firma digital)
Originalmente, creamos la función de firma en pantalla para que el usuario confirmara: «Sí, estoy de acuerdo con la lectura». Qué prosaico…
En Colombia sería diferente. ¡Imagina la suerte del lector que encuentra al artista justo cuando está pintando la caja!

Cómo funciona: El lector extiende la tableta no por burocracia, sino con emoción: «¡Maestro, un autógrafo, por favor!». La firma se guarda en la base de datos junto a la foto de su obra. Ya no es una base de datos de energía, es un catálogo de objetos de arte.

Restaurador en lugar de multas (Observaciones)
Además de las lecturas, los operarios pueden ingresar «Observaciones» en la App. Usualmente, este campo se usa para reportar al usuario: «Sello roto», «Imán en el medidor», «Perro bravo». Éramos tan ingenuos…
Cómo funciona: Si tu empleado nota que la pintura de la iguana en la caja se está descascarando, escribe en la nota: «Se requiere restauración de la pata izquierda». Esta solicitud no va al departamento de pérdidas, sino al restaurador oficial de la empresa. ¡Preservar el patrimonio cultural es lo primero!

Misiones con estilo de museo
En la App «Lecturas», además de tomar datos, se pueden asignar tareas adicionales al lector. Normalmente es algo como «Entregar aviso de deuda». Pero con el enfoque colombiano, la comunicación sube de nivel.
Cómo funciona: El lector ve una tarea emergente: «Informar al propietario que su caja será reemplazada el próximo mes. La antigua ha sido adquirida por el Museo Botero de Bogotá como patrimonio nacional». Estarán de acuerdo en que recibir esta noticia es más agradable que una citación judicial.

Rutas para estetas

La ciudad de San Gil es la líder indiscutible de mi ranking personal. Aquí, la pintura de las cajas sigue cánones estrictos, como en las salas de un museo. Calle de las hormigas, callejón de las iguanas, avenida de las orquídeas.
Nuestra App permite dividir los medidores por rutas (sectores). Antes pensábamos que era por logística. Nos equivocamos.
Cómo funciona: En la reunión matutina, el lector dice: «Jefe, hoy me siento lírico, deme la ruta de los bodegones».
Y al novato se le puede decir: «Tú aún no tienes experiencia, ve a inspeccionar los ‘Cuadros Negros’ de Malévich». Afortunadamente, de esos «Cuadros Negros» (cajas viejas y ahumadas) hay suficientes en cualquier ciudad.
Y ahora, hagamos una pausa y viajemos a la Meca del arte eléctrico — la ciudad de San Gil — para sumergirnos en la historia de este street art eléctrico…
Historia de la belleza eléctrica: ¿Quién paga por esto?
Mientras fotografiaba las cajas en San Gil, me invadió la curiosidad: ¿Cómo empezó todo? ¿Y quién financia este embellecimiento urbano?
Todo parecía demasiado sistemático. ¿Acaso la electrificadora contrató a un ejército de artistas en lugar de electricistas? ¿Incluyen el costo de la pintura en la tarifa de energía? Comencé a preguntar a los locales e incluso hablé con uno de los artistas…

Resulta que estamos ante un ejemplo único de iniciativa ciudadana espontánea, y no una estrategia corporativa.
El efecto dominó
No se sabe con exactitud dónde comenzó este movimiento. El artista de San Gil, Jesús Paulo Rocero, me contó que la idea vino «de otro pueblo». Muchos creen que fue en Zapatoca, un pintoresco pueblo de Santander donde pintan no solo las cajas, sino incluso los postes de luz.

San Gil retomó la idea hace solo 3 o 4 años. Todo comenzó, como suele suceder, con un artista que pintó la triste caja gris de su propia casa. Al vecino le gustó y pidió: «Hazme uno igual». Así se encendió una sana competencia vecinal: nadie quería ser el dueño de la «caja más aburrida de la cuadra».
Es más, los residentes que tienen sus medidores instalados dentro de la casa tampoco quisieron quedarse atrás. ¿Por qué el vecino decora su fachada y yo no? La solución fue simple: tomar la puerta de una caja vieja, pintarla y clavarla en la fachada como puro adorno, sin ningún medidor detrás.

La economía del arte
¿Quién paga por todo esto? Escuché varias historias de los residentes:
-
La «Vaca» (Colecta): Los vecinos de una cuadra se reúnen y aportan entre 30.000 y 50.000 pesos cada uno para contratar a un artista para toda la calle al por mayor.
-
Encargo privado: ¿Quieres una copia de Rubens o un retrato de tu perro? Le pagas al artista directamente. El costo varía entre 60.000 y 150.000 pesos.
-
Apoyo municipal: En centros turísticos como San Gil o Zapatoca, a veces las alcaldías intervienen asignando recursos para pintar las calles principales.
¿Y la electrificadora?
Ellos no tienen nada que ver. Pero han mostrado respeto por las iniciativas culturales: no multan por «daño a la propiedad corporativa» ni tapan la belleza con pintura gris; simplemente lo permitieron. La única condición es no pintar la ventana de vidrio del medidor.
Código cultural
No son simples dibujos. En San Gil existe una escuela de artistas primitivistas con 50 años de historia. Para ellos, estas cajas metálicas son una forma de convertir la ciudad en una galería al aire libre, donde cada cuadro tiene múltiples espectadores. Casi todas las obras llevan la firma del autor.

Se logra una simbiosis perfecta: los vecinos obtienen belleza, los artistas trabajo, y la ciudad una identidad única que la hace merecedora del título de «Capital Cultural de la Medición Eléctrica». Y solo los lectores deben tener cuidado de no confundir la lectura del medidor con la fecha de la pintura.
Pero volvamos a nuestra App…
Turismo en lugar de rutina (Navegación)
La App sabe trazar rutas óptimas por GPS para que el lector no se pierda. Y, a la inversa, controla el trabajo del operario para que no invente lecturas tomando café en su cocina, sino que recorra honestamente su ruta.

Sin embargo, Colombia nos empuja a adaptar la aplicación para turistas. Así es como podría brillar con nuevos colores:
Cómo funcionaría:Creamos la ruta turística «Joyas del Barroco Urbano». ¡Abrimos el acceso a la App para todos los turistas! Ellos caminan, admiran, toman fotos… y de paso nos envían las lecturas a la base de datos. ¡El crowdsourcing ideal!
Hablando en serio…
Claro, Colombia es una hermosa excepción. En la mayoría de los países del mundo, la toma de lecturas es un trabajo duro y monótono, a menudo bajo lluvia, nieve y barro, donde en lugar de colibríes en las puertas nos reciben candados oxidados y telarañas.
Es por eso que creamos la App «Lecturas» como parte de la plataforma Amivisor. Para que, incluso en ausencia de la belleza colombiana, el trabajo de sus empleados sea:
-
Rápido (gracias a las rutas optimizadas);
-
Preciso (gracias a la validación de datos);
-
Transparente (gracias a la evidencia fotográfica y GPS).
Dejemos el arte en los museos y en las cajas colombianas, y llevemos orden y precisión a la medición de energía.
¿Quiere saber más sobre la App «Lecturas»?
👉 Lea más aquí o solicite una demostración.
¡Felices fiestas y mediciones exactas!






